Seguro que te suena esta escena.
Estás hablando con alguien y, de pronto, la conversación se detiene.
Nadie dice nada.
Pasan unos segundos…
Y casi sin darte cuenta, sientes la urgencia de decir algo. Lo que sea.
Una pregunta rápida.
Un comentario sin mucha importancia.
Cualquier cosa que evite ese momento incómodo.
Pero ¿por qué nos cuesta tanto quedarnos ahí, en silencio?

🪞Lo que el silencio nos pone delante
Aunque muchas veces lo vivimos como un vacío, el silencio no está vacío en absoluto.
Cuando no hay palabras, aparece lo que llevamos dentro:
- La duda sobre si estamos siendo interesantes.
- El miedo a que el otro nos juzgue.
- La inseguridad de no saber qué hacer ni qué decir.
En el fondo, el silencio nos deja sin “protección”.
Nos expone.
Y eso no siempre es fácil de sostener.
🌿No todos los silencios son iguales
Hay silencios que se sienten bien.
Esos que no incomodan, que acompañan, que no necesitan ser explicados.
Y hay otros que pesan.
Que generan tensión.
Que parecen decir más por lo que callan que por lo que podrían expresar.
Aprender a distinguirlos es clave: no es lo mismo una pausa compartida que una distancia emocional.
🔍 Cómo aparece este miedo en el día a día
El rechazo al silencio suele colarse en nuestra vida más de lo que creemos:
- Charlas llenas de comentarios automáticos.
- Cambios rápidos de tema para que no “muera” la conversación.
- Dificultad para estar en calma con otras personas… o con uno mismo.
- Necesidad constante de ruido, estímulos o distracciones.
Cuando no sabemos habitar el silencio, acabamos huyendo de él sin darnos cuenta.
Darle un lugar al silencio
🌱 El silencio no tiene por qué ser incómodo.
Tampoco es una señal de que algo vaya mal.
Puede ser un espacio de descanso, de presencia, de conexión real.
Un momento donde no hace falta demostrar nada ni llenar huecos.
En terapia, muchas veces el silencio es justo donde aparece lo importante. Ahí donde la emoción se asoma sin prisa y sin exigencias.
En Nagore García Psicología te acompaño
Si sientes que el silencio te inquieta, que necesitas estar siempre hablando o distraído, o que te cuesta estar contigo mismo sin ruido, podemos ayudarte a:
- Comprender de dónde nace esa incomodidad.
- Aprender a tolerar las pausas sin huir de ellas.
- Descubrir que el silencio también puede ser cuidado y sostén.
✨ Porque no siempre hacen falta palabras para sentirse acompañado.
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