Muchas decisiones importantes están atravesadas por este temor:
“¿Y si decepciono?” 😔
Decepcionar a los padres.
A la pareja.
A los amigos.
A la imagen que otros construyeron de nosotros…
o incluso a la versión de nosotros mismos que creíamos que íbamos a ser.

Desde pequeños aprendemos que ser queridos muchas veces está ligado a cumplir expectativas 🤍 y, sin darnos cuenta, esa idea se va filtrando en elecciones académicas, laborales, afectivas y vitales. No siempre decidimos desde el deseo, sino desde el miedo a fallar.
¿Qué significa realmente decepcionar?
Decepcionar no es hacer daño intencionalmente.
Es romper una expectativa.
Y eso puede doler…tanto a quien la rompe como a quien la tenía 💔
Pero hay algo importante: la expectativa pertenece al otro. Podemos comprenderla, validarla y tratarla con cuidado, pero no siempre podemos —ni debemos— vivir para sostenerla.
El precio de no decepcionar nunca
Cuando organizamos nuestra vida para no decepcionar a nadie, el riesgo es claro:
nos decepcionamos a nosotros mismos.
A corto plazo puede traer tranquilidad y aprobación 😌
A largo plazo suele traer:
▫️ sensación de estar viviendo la vida de otro
▫️ dificultad para conectar con el propio deseo
▫️ resentimiento silencioso
▫️ vacío o desmotivación
Porque cada vez que elegimos solo para cumplir, dejamos una pequeña parte de nosotros fuera de la decisión.
Diferenciar responsabilidad de complacencia
Somos responsables de nuestras decisiones y de cómo impactan en los demás.
Pero no somos responsables de gestionar todas sus emociones.
Podemos cuidar, explicar, acompañar…
pero no podemos vivir para evitar que el otro sienta frustración, tristeza o enfado.
Aceptar esto no es egoísmo.
Es reconocer límites sanos 🌿
Es pasar de la complacencia al vínculo adulto.
El duelo que hay detrás
A veces lo que más cuesta no es decepcionar, sino soltar la imagen de “persona que nunca falla”.
Aceptar que no siempre podremos ser el hijo ideal, la pareja perfecta o el amigo disponible para todo. Y también hacer el duelo de que, cuando empezamos a elegirnos, algunas personas pueden necesitar recolocarnos en su vida.
Una pregunta clave
A veces la decisión no es entre:
“Decepcionar o no decepcionar.”
Sino entre:
“¿A quién voy a decepcionar: a otros o a mí?” ✨
No siempre hay una respuesta sencilla.
No siempre habrá una opción sin incomodidad.
Pero empezar a formular estas preguntas ya es un movimiento hacia una vida más propia, más coherente y más honesta.
👉 Si nadie esperara nada de mí… ¿qué elegiría?
👉 ¿Qué parte de esta decisión nace del miedo y cuál del deseo?
Porque cuando vivimos así, los vínculos que permanecen suelen ser más reales 💛
Si al leer esto sientes que algo resuena contigo, que muchas de tus decisiones han estado marcadas por el miedo a decepcionar, que te cuesta escucharte o priorizarte sin culpa… no tienes que trabajarlo en soledad 🤍
📩 Si te sientes identificado/a, puedes pedir cita y lo trabajamos junt@s.