Elegir lo que queremos no siempre trae alivio.
A veces trae culpa.
Y muchas personas se sorprenden:
“Si esto es lo que yo quería, ¿por qué me siento mal?”

Existe la idea de que cuando una decisión es correcta deberíamos sentir paz inmediata. Pero la experiencia emocional es más compleja. A veces, cuando nos acercamos a lo que deseamos, aparece una incomodidad inesperada.
La culpa como señal de ruptura
Cuando elegimos nuestro deseo, a veces rompemos una expectativa:
- La de nuestros padres
- La de nuestra pareja
- La del grupo
- La imagen que otros tenían de nosotros
- Incluso la que nosotros mismos habíamos construido
La culpa aparece como una alarma interna 🚨:
“Estás saliéndote del guion.”
Durante años aprendimos qué se esperaba de nosotros. Cuando decidimos algo diferente, no solo cambiamos una elección: alteramos un equilibrio. Y eso genera tensión.
No significa que la decisión sea incorrecta.
Significa que hay un conflicto.
Culpa no es sinónimo de error
Muchas veces la culpa no surge porque estemos haciendo daño real, sino porque hemos aprendido que priorizarnos puede ser peligroso.
Quizá crecimos escuchando:
- “No seas egoísta.”
- “Piensa primero en los demás.”
- “No hagas sufrir.”
- “Después de todo lo que han hecho por ti…”
Con el tiempo, elegirnos puede sentirse como traicionar.
Pero sentir culpa no implica estar haciendo algo mal.
A veces simplemente estamos cambiando, poniendo límites o dejando atrás una versión de nosotros mismos.
Y crecer suele implicar incomodar, aunque sea un poco.
Elegir implica renunciar
Toda elección supone una pérdida, incluso cuando es coherente con nuestro deseo:
- La aprobación.
- La tranquilidad externa.
- La imagen de “persona que siempre cumple”.
Aceptar esa renuncia forma parte de la madurez emocional. No podemos evitar todo malestar, ni el propio ni el ajeno.
Una pregunta diferente 🤍
La cuestión no es:
“¿Cómo hago para no sentir culpa?”
Sino:
“¿Estoy dispuesto/a a tolerarla para vivir más acorde a mí?”
Quizá la culpa no desaparezca de inmediato.
Pero cuando una decisión nace de un deseo reflexionado, con el tiempo puede transformarse en algo más profundo: una sensación de coherencia y autenticidad.
Y a largo plazo, eso suele pesar más que la aprobación externa.
Si este tema te resuena…
y sientes que la culpa aparece cada vez que intentas elegir por ti, quizá no tengas que atravesarlo en soledad.
En terapia podemos explorar de dónde viene esa culpa, qué función cumple en tu historia y cómo empezar a tomar decisiones más alineadas contigo, sin que el miedo a decepcionar lo ocupe todo.
Si lo necesitas, reserva aquí tu primera sesión.