
Hay momentos en la vida en los que nos gustaría tener una bola de cristal.
Cuando estamos esperando una respuesta importante, cuando una relación atraviesa un momento complicado, cuando tenemos que tomar una decisión difícil o cuando simplemente sentimos que el futuro es incierto.
En esos momentos, es habitual que aparezcan pensamientos como:
«¿Y si sale mal?»
«¿Y si me equivoco?»
«¿Y si hubiera una forma de estar completamente seguro antes de decidir?»
La realidad es que todos convivimos con la incertidumbre. La diferencia está en cómo nos relacionamos con ella.
¿Por qué nos cuesta tanto la incertidumbre?
Nuestro cerebro busca seguridad. Le gusta anticiparse a lo que va a ocurrir y sentir que tiene cierto control sobre las situaciones.
Por eso, cuando no tenemos respuestas claras, es normal sentir inquietud. El problema aparece cuando esa necesidad de certeza se vuelve tan intensa que empezamos a vivir atrapados en la preocupación, intentando prever cada escenario posible o buscando constantemente señales que nos tranquilicen.
Muchas personas llegan a consulta diciendo algo parecido a:
«Sé que estoy dándole demasiadas vueltas, pero no puedo dejar de pensar en ello.»
Y suele haber algo muy humano detrás de esa frase: el deseo de sentirse seguro.
Cuando la incertidumbre alimenta la ansiedad
Imagina que estás esperando una llamada importante. Quizá revisas el teléfono varias veces al día. Tal vez interpretas cada silencio como una señal negativa. Puede que tu mente empiece a construir diferentes escenarios, la mayoría de ellos poco favorables.
Aunque estas conductas buscan reducir la ansiedad, muchas veces terminan consiguiendo lo contrario: mantenerla. Cuanto más intentamos eliminar la incertidumbre, más presentes parecen estar las dudas. La mente busca respuestas, pero algunas simplemente no están disponibles todavía. Y eso resulta difícil de aceptar.
¿Qué es la tolerancia a la incertidumbre?
La tolerancia a la incertidumbre es la capacidad de aceptar que no podemos conocer ni controlar todos los aspectos del futuro sin que ello genere un malestar excesivo.
No significa dejar de planificar ni sentirse cómodo con cualquier situación incierta. Significa poder seguir adelante, tomar decisiones y adaptarse a las circunstancias incluso cuando no se tienen todas las respuestas.
Las personas con una baja tolerancia a la incertidumbre suelen experimentar:
- Preocupación excesiva.
- Necesidad de controlar todos los detalles.
- Dificultad para tomar decisiones.
- Pensamientos frecuentes de «¿y si…?».
- Búsqueda constante de tranquilidad o confirmación por parte de otras personas.
La falsa promesa del control
Cuando sentimos incertidumbre, solemos pensar que necesitamos más información para sentirnos tranquilos. Sin embargo, en muchas ocasiones la tranquilidad no llega porque el problema no es la falta de datos, sino la dificultad para aceptar que nunca podremos tener una certeza total.
Por ejemplo, una persona puede revisar repetidamente si ha tomado la decisión correcta, consultar constantemente opiniones ajenas o analizar todos los escenarios posibles. A corto plazo esto genera alivio, pero a largo plazo fortalece la idea de que la incertidumbre es algo peligroso.
¿Se puede aprender a tolerar mejor la incertidumbre?
Sí. La tolerancia a la incertidumbre no es un rasgo fijo, sino una habilidad que puede desarrollarse.
Algunas estrategias que pueden ayudar son:
- Diferenciar entre lo que depende de ti y lo que no.
- Cuestionar la necesidad de tener una certeza absoluta antes de actuar.
- Reducir las conductas de comprobación y búsqueda constante de tranquilidad.
- Practicar la flexibilidad ante pequeños cambios o situaciones inciertas.
- Volver la atención al momento presente cuando la mente se adelanta constantemente al futuro.
Algunas preguntas para reflexionar
Si te identificas con esta dificultad, quizá puedas preguntarte:
- ¿Cuánto tiempo dedico a intentar predecir cosas que no dependen de mí?
- ¿Qué estoy evitando mientras espero tener una certeza absoluta?
- ¿Qué haría hoy si no necesitara estar completamente seguro?
A veces, estas preguntas abren espacios diferentes. Espacios donde la incertidumbre sigue estando presente, pero ya no ocupa todo el lugar.
Cuando la incertidumbre se convierte en una carga
Todos atravesamos momentos de duda e inseguridad. Sin embargo, cuando la incertidumbre ocupa gran parte de nuestros pensamientos, genera ansiedad constante o dificulta la toma de decisiones, puede ser útil contar con apoyo profesional.
La terapia psicológica ofrece un espacio para comprender qué hay detrás de esa necesidad de control, desarrollar herramientas para gestionar la ansiedad y aprender a relacionarse con la incertidumbre de una manera más flexible y saludable.
Si sientes que la preocupación por el futuro está afectando a tu bienestar, en Nagore García Psicología puedo acompañarte en este proceso. Juntos trabajaremos para que la incertidumbre deje de ser una fuente constante de malestar y puedas vivir con mayor tranquilidad y confianza en tus propios recursos.
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