
Hay situaciones que no podemos cambiar de inmediato. Un conflicto, una etapa difícil, una relación que atraviesa un momento complicado, un trabajo que no nos gusta, una emoción incómoda o una situación que simplemente no depende de nosotros.
Ante estas circunstancias solemos utilizar expresiones como “tengo que aguantar”, “hay que aprender a tolerarlo” o “no me queda otra que soportarlo”. Pero, aunque en el lenguaje cotidiano pueden parecer similares, aguantar y tolerar no significan exactamente lo mismo.
Y distinguirlos puede ayudarnos a entender mejor cómo estamos afrontando aquello que nos resulta difícil.
Aguantar: resistir mientras espero que pase
Cuando hablamos de aguantar, muchas veces aparece la idea de resistir algo que nos está resultando difícil o desagradable. Aguantamos una situación, una emoción, una conversación, una etapa o incluso determinadas conductas de otras personas.
El problema no está en aguantar algo puntualmente. Todos atravesamos momentos en los que necesitamos hacer un esfuerzo y sostener una situación durante un tiempo.
La dificultad aparece cuando aguantar se convierte en nuestra única estrategia.
“Ya pasará”, “tengo que ser fuerte”, “no puedo quejarme”, “hay gente que está peor” o “lo que tengo que hacer es aguantar” pueden llevarnos a permanecer durante mucho tiempo en situaciones que nos generan malestar sin preguntarnos qué necesitamos, qué podemos cambiar o qué límites necesitamos poner.
A veces no estamos aceptando una situación: simplemente estamos soportándola.
Tolerar: poder estar con algo sin necesitar eliminarlo inmediatamente
Tolerar tiene un matiz diferente. La tolerancia implica poder estar en contacto con algo que nos incomoda, nos genera malestar o no podemos controlar sin que esa experiencia tenga que desaparecer para poder continuar.
Tolerar la incertidumbre no significa que nos guste no saber qué va a ocurrir. Tolerar una emoción no significa dejar de sentirla. Tolerar una diferencia con otra persona no significa estar de acuerdo con ella.
Significa poder reconocer: “Esto me resulta difícil y preferiría que fuera diferente, pero puedo estar aquí sin tener que resolverlo inmediatamente”.
Por eso, tolerar tiene mucho que ver con nuestra capacidad para manejar el malestar sin que este dirija automáticamente nuestra conducta.
Entonces, ¿qué diferencia hay?
Podríamos decir que aguantar pone más el foco en resistir, mientras que tolerar implica desarrollar una mayor capacidad para relacionarnos con aquello que nos resulta difícil.
Por ejemplo, una persona puede pensar:
“No soporto mi trabajo, pero tengo que aguantar hasta que encuentre otra cosa.”
En este caso, puede haber una sensación de estar atrapada y simplemente resistiendo hasta que la situación cambie.
Otra persona, en una situación parecida, podría planteárselo así:
“Mi trabajo no me gusta y me genera malestar. Ahora mismo necesito mantenerlo, pero puedo pensar qué necesito para cuidarme mientras busco alternativas y qué está dentro de mi margen de actuación.”
La situación externa puede ser prácticamente la misma. Lo que cambia es la posición desde la que la persona se relaciona con ella.
Y esto es importante porque tolerar no significa tolerarlo todo.
Tolerar no es resignarse
A veces confundimos tolerancia con resignación. Pensamos que si aprendemos a tolerar algo estamos diciendo que está bien, que tenemos que conformarnos o que debemos permanecer en una situación que nos hace daño.
No es así.
Podemos tolerar una emoción y, al mismo tiempo, poner un límite. Podemos tolerar que alguien se enfade con nosotros y decidir que no vamos a aceptar determinadas formas de tratarnos. Podemos tolerar la incertidumbre y seguir tomando decisiones. Podemos tolerar que una situación no salga como esperábamos y, aun así, intentar cambiar aquello que sí está en nuestras manos.
De hecho, aprender a tolerar puede ayudarnos precisamente a dejar de actuar únicamente desde la urgencia de que el malestar desaparezca.
La pregunta, por tanto, no siempre es “¿cuánto puedo aguantar?”.
A veces puede ser mucho más útil preguntarnos:
“¿Puedo estar con esto sin dejar de escucharme?”
“¿Qué parte de esta situación necesito aceptar y qué parte puedo cambiar?”
“¿Estoy tolerando algo que no puedo controlar o estoy aguantando algo que necesita un límite?”
No todo lo que nos incomoda necesita ser eliminado. Pero tampoco todo lo que podemos soportar tenemos que seguir soportándolo.
Encontrar esa diferencia puede ser un paso importante para relacionarnos de una manera más saludable con nuestras emociones, nuestras circunstancias y nuestras relaciones.
Si sientes que llevas demasiado tiempo “aguantando”
En Nagore García Ortega, desde Nagore García Psicología, podemos trabajar junt@s para comprender qué hay detrás de ese malestar, qué necesitas aceptar, qué puedes cambiar y dónde necesitas poner límites.
No se trata de aguantar más. Se trata de aprender a relacionarte de otra manera con aquello que hoy te está resultando difícil.
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