
Hay personas a las que les resulta especialmente difícil ver a alguien que está mal y no hacer nada. Si alguien tiene un problema, buscan una solución. Si alguien sufre, intentan aliviarlo. Si alguien necesita ayuda, están disponibles.
Cuidar, acompañar y ayudar a las personas que queremos son capacidades valiosas. El problema aparece cuando dejamos de hacerlo porque queremos y empezamos a sentir que tenemos que hacerlo.
Es entonces cuando podemos entrar en un papel de cuidadora o de “salvadora”: estar muy pendientes de los demás, intentar evitarles el sufrimiento, resolver sus problemas o sentir que su bienestar depende, en parte, de nosotros.
Y aunque desde fuera pueda parecer simplemente una persona muy atenta o generosa, por dentro puede existir una sensación constante de responsabilidad.
Cuando cuidar deja de ser una elección
Una cosa es querer ayudar y otra sentir que no podemos no hacerlo.
A veces este patrón aparece en pensamientos como:
- «No puedo dejarle así.»
- «Si puedo ayudar, tengo que hacerlo.»
- «Sé que debería poner límites, pero ahora mismo me necesita.»
- «Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?»
Poco a poco, las necesidades de los demás pueden empezar a ocupar mucho espacio. Estamos pendientes de cómo están, de qué necesitan, de qué les ocurre, de si están enfadados, preocupados o sufriendo y de qué podemos hacer para que se encuentren mejor.
Y puede llegar un momento en el que resulte difícil distinguir entre acompañar al otro y hacerse responsable de él.
Este patrón puede aparecer en la pareja, en la familia, en las amistades o incluso en el trabajo. Podemos adelantarnos a las necesidades de los demás, asumir tareas que no nos corresponden, intentar solucionar problemas que la otra persona podría resolver por sí misma o sentir mucha culpa cuando decimos que no.
¿Qué puede haber detrás de esta necesidad de cuidar?
No existe una única explicación.
En algunas personas, puede estar relacionado con haber aprendido desde muy pronto a estar pendientes de los demás, con haber ocupado un papel de responsabilidad dentro de la familia o con haber aprendido que sentirse útil o necesaria era una forma importante de sentirse valorada.
En otras ocasiones puede aparecer por miedo a decepcionar, dificultad para poner límites o una necesidad elevada de que las personas que queremos estén bien.
También puede existir una creencia muy arraigada:
- «Si quiero a alguien, tengo que ayudarle.»
Pero querer a alguien no significa poder evitarle todos sus problemas. Y tampoco significa que tengamos que hacernos responsables de cómo se siente en todo momento.
De hecho, una de las dificultades de este patrón es que ayudar puede hacernos sentir bien a corto plazo. Cuando conseguimos solucionar algo, tranquilizar a alguien o evitarle un problema, podemos sentirnos útiles, necesarios y en control.
El problema aparece cuando necesitamos hacer esto una y otra vez para poder sentirnos tranquilos.
Entonces cuidar puede empezar a convertirse en una carga.
Cuando el bienestar de los demás condiciona el tuyo
Si estamos muy pendientes de cómo están los demás, es posible que nuestro propio bienestar dependa demasiado de que ellos estén bien.
- Si alguien está preocupado, nos preocupamos.
- Si alguien está enfadado, sentimos que tenemos que hacer algo.
- Si alguien sufre, nos cuesta seguir con nuestra vida como si nada.
- Y si alguien no acepta nuestra ayuda o toma una decisión que consideramos equivocada, podemos sentir frustración, impotencia o incluso culpa.
En ocasiones aparece entonces una sensación difícil de reconocer:
«Estoy cansada de estar para todo el mundo, pero tampoco sé cómo dejar de hacerlo.»
Y pueden aparecer pensamientos como:
- «Después de todo lo que hago por los demás, nadie está cuando yo lo necesito.»
- «Siempre estoy pendiente de todo el mundo y nadie parece estar pendiente de mí.»
- «Sé que debería poner límites, pero me siento mala persona cuando lo hago.»
Aquí puede aparecer una paradoja: cuanto más damos desde la obligación, más fácil es que aparezcan agotamiento, frustración y resentimiento.
Acompañar no es hacerse cargo
Salir de este rol no significa dejar de cuidar ni convertirse en una persona indiferente.
Significa aprender a diferenciar entre acompañar y hacerse responsable, entre ofrecer ayuda y asumir una responsabilidad que pertenece al otro.
A veces cuidar será escuchar sin intentar solucionar.
Otras veces será preguntar «¿qué necesitas de mí?» en lugar de adelantarnos.
Y en otras ocasiones cuidar también puede significar dejar espacio para que la otra persona tome sus propias decisiones, se equivoque, se frustre o atraviese una situación difícil sin que nosotros intentemos evitarlo.
Por eso puede ser útil empezar a preguntarnos:
- «¿Esto me corresponde a mí?»
- «¿Me han pedido ayuda o estoy anticipándome?»
- «¿Estoy ayudando porque quiero o porque siento que tengo que hacerlo?»
- «¿Qué pasaría si esta vez no intervengo?»
- «¿Estoy respetando las necesidades del otro o intentando que deje de sentirse mal?»
Estas preguntas no pretenden que dejemos de ayudar. Pretenden que podamos elegir cuándo ayudar y cuándo no.
Poner límites también es una forma de cuidar
Cuando llevamos mucho tiempo ocupando el lugar de quien sostiene, poner límites puede resultar extraño. Incluso puede aparecer culpa.
Podemos pensar que estamos siendo egoístas, que estamos abandonando al otro o que deberíamos hacer un poco más.
Pero sentir culpa al poner un límite no significa necesariamente que estemos haciendo algo malo.
A veces simplemente significa que estamos haciendo algo diferente a lo que estamos acostumbrados.
Cuidar de los demás no debería implicar desaparecer nosotros en el proceso.
Podemos querer, acompañar, ayudar y estar disponibles sin convertirnos en responsables de todo lo que les ocurre a las personas que queremos.
Y aprender esta diferencia puede permitirnos construir relaciones en las que haya más reciprocidad, límites y libertad, tanto para nosotros como para los demás.
Si sientes que estás constantemente pendiente de otras personas…
Que te cuesta decir que no, que te responsabilizas con facilidad de sus problemas o que necesitas que quienes te rodean estén bien para poder estar tú tranquila, quizá sea interesante explorar qué lugar estás ocupando en tus relaciones.
En Nagore García Psicología puedo ayudarte a comprender de dónde puede venir esta necesidad de hacerte cargo de los demás y a encontrar formas diferentes de cuidar y relacionarte, sin dejarte a ti en segundo plano.
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