
¿Sientes que no puedes dejar de darle vueltas a las cosas? Quizá repasas una conversación una y otra vez, imaginas todos los escenarios posibles antes de tomar una decisión o intentas anticiparte a lo que podría salir mal. Lo haces con la intención de sentirte más preparado, pero muchas veces ocurre justo lo contrario: cuanto más piensas, más ansiedad sientes y más difícil resulta actuar.
La realidad es que existe una diferencia importante entre preocuparse y ocuparse, y entenderla puede ayudarte a gestionar mejor la ansiedad y afrontar los problemas de una forma más saludable.
¿Qué significa preocuparse?
La preocupación es una respuesta natural de nuestra mente. Su función es intentar prepararnos para posibles dificultades o riesgos. En cierta medida, es útil: nos ayuda a planificar, organizar tareas o recordar aquello que es importante.
Sin embargo, el problema aparece cuando la preocupación deja de impulsarnos a actuar y se convierte en un bucle de pensamientos.
Es entonces cuando nuestra mente empieza a formular preguntas sin respuesta inmediata:
- ¿Y si no sale bien?
- ¿Y si estoy tomando la decisión equivocada?
- ¿Y si decepciono a alguien?
- ¿Y si nunca consigo cambiar esto?
Aunque parezca que estamos haciendo algo para resolver el problema, en realidad solo estamos alimentando la incertidumbre.
¿Qué significa ocuparse?
Ocuparse supone dar un paso más allá del pensamiento.
Significa preguntarte:
¿Qué puedo hacer hoy para acercarme a la solución?
A veces será tener una conversación pendiente. Otras, pedir ayuda, buscar información o tomar una decisión que llevabas tiempo posponiendo. Ocuparse no implica tener todas las respuestas ni controlar el resultado. Significa centrar tu energía en aquello que sí depende de ti.
¿Cómo saber si te estás preocupando o te estás ocupando?
Existe una pregunta muy sencilla que puede ayudarte:
Después de pensar tanto en este problema, ¿he dado algún paso para solucionarlo o solo me siento más agotado?
Si llevas días dándole vueltas a la misma situación sin avanzar, probablemente estés atrapado en la preocupación. En cambio, si esa reflexión termina convirtiéndose en una acción, por pequeña que sea, estás ocupándote.
La falsa sensación de control
Muchas personas sienten que, si dejan de preocuparse, estarán siendo irresponsables.
Pero preocuparse no evita que las cosas ocurran.
Podemos imaginar mil veces cómo será una conversación importante y, aun así, no controlar cómo responderá la otra persona. Podemos analizar una decisión durante semanas y seguir sin tener la certeza absoluta de que será la correcta.
La preocupación excesiva nos hace sentir que tenemos el control, cuando en realidad solo estamos intentando reducir una incertidumbre que forma parte de la vida.
Aceptar que no todo depende de ti
Uno de los mayores aprendizajes en terapia es comprender que hay cosas que podemos cambiar y otras que no.
Podemos decidir cómo comunicarnos, cómo cuidarnos, qué límites poner o qué pasos dar.
Sin embargo, no podemos controlar lo que otras personas piensan, cómo reaccionan o que la vida nunca presente dificultades.
Aceptar esta realidad no significa rendirse. Significa dejar de luchar contra aquello que no podemos cambiar para invertir nuestra energía donde realmente puede marcar la diferencia.
Un pequeño ejercicio para empezar hoy
La próxima vez que una preocupación ocupe tu mente, detente unos minutos y escribe dos listas.
Depende de mí:
- Lo que puedo hacer hoy.
- Las decisiones que puedo tomar.
- Cómo me cuido.
- La actitud con la que afronto la situación.
No depende de mí:
- Lo que otras personas hagan o piensen.
- Que todo salga exactamente como espero.
- El pasado.
- Tener el control absoluto.
Este ejercicio puede ayudarte a recuperar perspectiva y a salir del bucle mental.
En resumen…
Preocuparse no siempre es el problema. De hecho, es una respuesta humana y necesaria en determinadas situaciones.
Lo que marca la diferencia es cuánto tiempo permanecemos atrapados en esa preocupación y si conseguimos transformarla en acciones que nos acerquen a una solución.
La próxima vez que notes que tu cabeza no deja de dar vueltas, hazte una pregunta:
¿Estoy preocupándome o estoy ocupándome?
A veces, esa sencilla reflexión puede ser el primer paso para dejar de vivir desde la ansiedad y empezar a actuar desde la calma.
¿Sientes que la preocupación está condicionando tu día a día?
Si notas que la preocupación ocupa gran parte de tu tiempo, te cuesta desconectar, tomar decisiones o disfrutar del presente, quizá no necesites seguir pensando más, sino aprender nuevas herramientas para gestionar lo que te ocurre.
En Nagore García Psicología acompaño a personas que quieren comprender mejor sus emociones, reducir la ansiedad y construir una relación más amable consigo mismas. Si sientes que ha llegado el momento de dar ese paso, estaré encantada de acompañarte.
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