
Hay personas que están pasando por un momento difícil y nadie lo sabe. Siguen trabajando, quedan con sus amigos, hacen planes, se ríen y contestan “bien” cuando alguien les pregunta qué tal. Desde fuera, su vida parece continuar con normalidad. Y, sin embargo, por dentro algo no está bien.
Quizá esta sea una de las dificultades de hablar de salud mental: no siempre tiene mala cara. No siempre se nota y no siempre aparece en forma de una crisis, un ataque de ansiedad o una tristeza evidente. A veces se parece mucho a una vida que, desde fuera, parece funcionar perfectamente.
Cuando seguir funcionando no significa estar bien
Estamos bastante acostumbrados a reconocer el malestar cuando es visible. Entendemos que alguien necesita ayuda si no puede levantarse de la cama, si ha dejado de trabajar o si está atravesando una situación que claramente le está desbordando. Pero ¿qué ocurre con quien sigue haciendo todo eso mientras lleva meses sintiéndose agotado?
Puede ser la persona que está constantemente preocupada, pero consigue que nadie lo note. La que piensa demasiado cada decisión, necesita tenerlo todo controlado y no consigue desconectar. La que se exige muchísimo, cumple con todo y, aun así, siente que nunca es suficiente. También puede ser quien está triste, saturado o emocionalmente desconectado, pero continúa haciendo planes y llevando su vida aparentemente con normalidad.
El hecho de que podamos seguir funcionando no significa necesariamente que estemos bien.
A veces simplemente significa que hemos aprendido a funcionar mientras no estamos bien.
Y esto puede hacer que resulte difícil reconocer nuestro propio malestar. Podemos acostumbrarnos tanto a vivir preocupados, cansados o exigidos que dejamos de preguntarnos si realmente estamos bien. Lo convertimos en nuestra normalidad y seguimos adelante, sin detenernos demasiado a pensar en cuánto nos está costando mantener ese ritmo.
“Estoy bien, no tengo motivos para estar así”
Además, muchas veces somos nosotros mismos quienes restamos importancia a lo que nos ocurre. Pensamos que no tenemos motivos suficientes para sentirnos mal, que hay personas que están peor o que deberíamos ser capaces de gestionarlo solos. Incluso podemos llegar a pensar:
“Si mi vida está bien, ¿por qué me siento así?”.
Pero encontrarnos mal no siempre responde a una explicación sencilla. Podemos estar agradecidos por nuestra vida y, al mismo tiempo, sentirnos agotados. Podemos querer a nuestra familia y necesitar espacio. Podemos disfrutar de nuestro trabajo y estar saturados. Podemos tener personas que nos quieren y sentirnos solos.
Una cosa no invalida la otra.
Por eso, quizá no se trate tanto de decidir si tenemos motivos suficientes para sentirnos mal, sino de prestar atención a lo que nos está ocurriendo.
Entonces, ¿Cómo saber como estamos realmente?
A veces las señales son pequeñas y se van acumulando: dormir peor, estar más irritables, preocuparnos constantemente, darle vueltas una y otra vez a las cosas, sentirnos sin energía, perder interés por actividades que antes disfrutábamos o tener la sensación de estar viviendo en automático.
Ninguna de estas señales significa por sí sola que exista un problema psicológico, pero pueden ser una oportunidad para detenernos y preguntarnos cómo estamos realmente.
Y aquí aparece una pregunta que quizá nos hacemos menos de lo que deberíamos:
¿Cómo estoy más allá de cómo estoy funcionando?
Porque podemos pasar mucho tiempo preocupándonos por si estamos cumpliendo, si llegamos a todo, si estamos cuidando suficientemente bien a los demás o si estamos haciendo las cosas como deberíamos. Y, mientras tanto, olvidarnos de preguntarnos qué necesitamos nosotros.
Cuidar nuestra salud mental antes de llegar al límite
El Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra cada 10 de octubre, puede ser una buena ocasión para hacernos esa pregunta. No necesitamos esperar a estar al límite para prestar atención a nuestra salud mental, ni necesitamos que nuestro malestar sea evidente para los demás para darle importancia. Tampoco hace falta tener una explicación perfecta para pedir ayuda.
Cuidar nuestra salud mental también puede consistir en reconocer que algo nos está afectando, revisar el ritmo al que estamos viviendo, aprender a poner límites, permitirnos descansar o buscar un espacio en el que podamos entender mejor lo que nos está pasando.
Porque la salud mental no siempre tiene mala cara.
A veces sonríe, trabaja, hace planes y dice que todo está bien. Y precisamente por eso, de vez en cuando, merece la pena parar y preguntarnos con honestidad:
¿Estoy bien o simplemente estoy funcionando?
En Nagore García Psicología puedo ayudarte a comprender mejor lo que te está pasando, identificar qué necesitas y encontrar herramientas para afrontar aquello que está interfiriendo en tu bienestar.
Pedir ayuda no significa que estés peor de lo que creías. A veces significa, simplemente, que has decidido empezar a escucharte.
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